Coronavirus:

Llegaste un día sin avisar ni pedir permiso. No eras invitado de nadie, y nos tienes a todos girando alrededor tuyo, nos has hecho pasar por toda clase de sentimientos, anécdotas y fechas que se volverán imborrables por la manera en la que nos ha tocado vivirlas.

Aunque no estabas invitado ni en planes, llegaste y estás dejando una huella en cada una de las personas que habitan en este mundo. Estas creando una generación y una era, la vida se empieza a dividir antes y después de tu llegada. Muchos recordamos el último viaje, la última vez que dimos un abrazo a un ser querido, entre otros momentos que hoy añoramos tener.

Hiciste que el mundo entero se rindiera ante lo desconocido, ante lo que ni la ciencia, ni la tecnología y menos aún el dinero, han podido descifrar.

Te escribo, en parte con agradecimiento porque me has permitido vivir momentos que seguramente me hubiese perdido de otra manera, porque me has permitido ver que los seres humanos estamos llenos de capacidades y de instrumentos que nunca pensamos tener. Al mismo tiempo, cuando pienso en ti, me da rabia, quisiera que nunca hubieses llegado, y que si ibas a llegar hubieras avisado para encontrar un atajo que pudiera detener tu crecimiento. Tu paso ha dejado familias incompletas, ha hecho sufrir a personas que hoy no tienen qué comer, has llevado al extremo a cualquier líder y puesto en vilo a más de uno. Mensajes detrás de tu irrupción forzosa hay muchos, y tal vez esta era la única forma de entender que el camino es prestado, y que por eso hay que saber recorrerlo de manera tal que podamos admirar todo lo que hay a nuestro alrededor.

Hoy solo quiero decirte y desear que no hagas más daño, que como en los cuentos de niños, te mueras como el peor de los villanos. Permite que cada uno adopte tus mensajes a su manera y así pueda reconstruir su camino.

Con sentimientos de aflicción,

Madre de familia que firma como Anónima.

Coronavirus:

Llegaste un día sin avisar ni pedir permiso. No eras invitado de nadie, y nos tienes a todos girando alrededor tuyo, nos has hecho pasar por toda clase de sentimientos, anécdotas y fechas que se volverán imborrables por la manera en la que nos ha tocado vivirlas.

Aunque no estabas invitado ni en planes, llegaste y estás dejando una huella en cada una de las personas que habitan en este mundo. Estas creando una generación y una era, la vida se empieza a dividir antes y después de tu llegada. Muchos recordamos el último viaje, la última vez que dimos un abrazo a un ser querido, entre otros momentos que hoy añoramos tener.

Hiciste que el mundo entero se rindiera ante lo desconocido, ante lo que ni la ciencia, ni la tecnología y menos aún el dinero, han podido descifrar.

Te escribo, en parte con agradecimiento porque me has permitido vivir momentos que seguramente me hubiese perdido de otra manera, porque me has permitido ver que los seres humanos estamos llenos de capacidades y de instrumentos que nunca pensamos tener. Al mismo tiempo, cuando pienso en ti, me da rabia, quisiera que nunca hubieses llegado, y que si ibas a llegar hubieras avisado para encontrar un atajo que pudiera detener tu crecimiento. Tu paso ha dejado familias incompletas, ha hecho sufrir a personas que hoy no tienen qué comer, has llevado al extremo a cualquier líder y puesto en vilo a más de uno. Mensajes detrás de tu irrupción forzosa hay muchos, y tal vez esta era la única forma de entender que el camino es prestado, y que por eso hay que saber recorrerlo de manera tal que podamos admirar todo lo que hay a nuestro alrededor.

Hoy solo quiero decirte y desear que no hagas más daño, que como en los cuentos de niños, te mueras como el peor de los villanos. Permite que cada uno adopte tus mensajes a su manera y así pueda reconstruir su camino.

Con sentimientos de aflicción,

Madre de familia que firma como Anónima.