Recomendaciones para la educación en casa en tiempos de Pandemia

Camilo Morales
Papá de jardín C

En muchos hogares se está viviendo una nueva realidad: la educación en casa. Para unos, lleva varias semanas, y para otros está comenzando. Sin embargo, la previa incertidumbre ahora es certeza, el salón de clases es ahora la casa. Es posible que usted como muchos, se vea abrumado por este nuevo hecho y en estos momentos puede que esté percibiendo la diferencia entre ayudar con las tareas en las tardes, como era lo usual, para convertirse en un educador permanente.

La parte académica es importante y más ahora que varios gobiernos decretaron o están pensando en decretar años escolares digitales, pero esperar que en estas primeras semanas de colegios virtuales que sus niños tomen el ritmo normal es un deseo adulto, no una realidad infantil. El foco debe estar en generar relaciones y ambientes que lleven al aprendizaje. Piénsenlo así: es como si estuviéramos en la semana uno de clase, los niños se están presentando entre ellos, la profesora es nueva, el salón es nuevo, y los niños hablan de eso en casa. Una vez esa es la normalidad, ya se enfocan en temas nuevos con interés.

Eso es lo que posiblemente está pasando dentro de sus casas, o pasará a partir de Pascua. Los compañeros de clase son los papás, los hermanos, inclusive las mascotas. El salón de clase es su habitación, o la sala, o la cocina, o un espacio que antes tenía un significado diferente. Y el rol de profesor, ahora es compartido entre varios: padres, hermanos, abuelos, etcétera.

La relación es la base de cualquier educación,

Recuerden que en sus años como alumnos posiblemente aprendieron más de un maestro al que quisieron que de uno al que odiaron. Un niño ansioso, enojado o atemorizado no va a aprender, no solo por la perturbación emocional, sino porque un cerebro en esas condiciones está gastando energía en manejar las emociones negativas y en lidiar con ellas, y no en poner atención o esfuerzo en aprender contenido nuevo.

Uno de los mayores retos que ustedes los padres pueden encontrar, entonces, será el de fungir en este nuevo rol, en ocasiones, sin el apoyo de profesionales como los profesores. Es importante por lo mismo, no exigirse tener dominio de todos los conocimientos, y entender que conforme pase el tiempo se irán adquiriendo las habilidades necesarias para brindar un mejor apoyo. Y si cuentan con algún tipo de soporte, es importante echar mano de los recursos aportados para ahondar dichas habilidades.

Es una situación difícil, pero como todo reto, es superable.

A continuación, les presentaré algunos tips para ayudar a lidiar con la situación, no con la intención de ser un texto que abarque todo, pero sí como una primera parte de una serie de posibles apoyos.

1.- Buscar un espacio fijo para usar como salón de clase o en su defecto, hacer un cambio de ambiente.

Hasta ahora, para la mayoría la casa es casa y el colegio es colegio y hacer de la casa el colegio es algo nuevo. Sin embargo, usted posiblemente ya sabe cómo hacerlo, pero probablemente no lo ha visto todavía.

Piensen en un salón de clase, supongamos que por alguna razón los niños no pueden salir a tomar su merienda. Un profesor le pedirá a sus alumnos que guarden sus cosas en su cubículo o pupitre y que saquen su lonchera. Inclusive, puede pedirles que se sienten en un círculo en el suelo. Lo que está haciendo el profesor es convertir el salón de clase en un lugar de recreo. Cambiando un par de cosas, el salón de clase se vuelve un nuevo lugar. Esto posiblemente ya se hace en casa. “Recojan las cosas de la mesa que vamos a comer” “Guarden los juguetes que es hora de dormir”. No es solamente una cuestión de orden, sino que es una señal de que el espacio está cambiando y que con este cambio de espacio también se cambian las actividades del mismo. De ser posible, asignen un lugar específico para los estudios, un escritorio, una mesa, una esquina, un garaje, o donde se acomoden mejor y donde se pueda dejar asignado como tal. Sin embargo, de no ser posible, asignen un espacio metafórico. El comedor, la mesa de la sala, etc., pero solo de tal a tal hora. Al llegar la hora, se recogen las cosas y se vuelve lugar de alimentos. Buscar objetos que ayuden a marcar esto puede hacer la diferencia. Cuando es colegio, por ejemplo, tiene un reloj, cuando es comedor, tiene un mantel.

Algunas corrientes de psicología nos dicen que investimos los lugares con emociones y símbolos, ya sea por la repetición de acciones en un lugar o por el valor emocional que le asignamos. Piense una vez más en su colegio. No era necesario que el profesor aburrido fuera a clase, ya con solo entrar a su salón nos daba sueño. Lo mismo pasa dentro de nuestra casa. Si los niños solo pueden jugar en su cuarto, entonces este es un lugar de diversión. Para nuestro propósito de educar en casa, entonces, hay que buscar investir un lugar como un espacio de educación y si ese lugar tiene más funciones hay que buscar marcar las diferencias, invistiendo con diferentes objetos como el mantel o el reloj. Entonces no es el comedor solamente el que está investido, sino es el reloj también.

Ahora bien, de haber un lugar ya asignado como el escritorio donde ya trabaja el niño, es importante entender que este también tiene que estar resignificado ya que no será lo mismo hacer una tarea en él unas horas al día, que llevar un día de clase en el mismo lugar.

2.- Un horario.

Todos tenemos un horario natural, aún un adolescente en modo vacacional sigue un horario. Nuestro cuerpo usa algo llamado ritmos circadianos para ayudar a marcar los procesos biológicos. Estos están marcados por la luz o la ausencia de esta y son los que nos llevan a tener ciclos de sueño, vigilia, hambre y pueden afectar otros procesos corporales. Sin embargo, un horario puede también tener efectos en la regulación emocional y por lo mismo, en el desempeño escolar.

No es secreto que un niño cansado no aprende igual, o que alguien con hambre tiende a estar más irritado. Lo que puede ser más sorpresivo es que un horario nos puede ayudar a anticipar situaciones lo que a su vez reduce la incertidumbre y estrés ocasionados por estas.

En un salón de clase es normal ver un horario del día no solamente para anunciarle a los niños cuándo cambian de salón o de materia, sino para ayudarles a anticipar las tareas de ese mismo día. Y muchos profesores podrán atestiguar que en ocasiones los mismos niños reclaman cuando lo anticipado no se llevó a cabo.

Por eso mismo es importante establecer un horario en casa que ayude a regular las conductas esperadas, pero también a anticipar las tareas necesarias. En este caso, beneficiando a niños y adultos por igual. Es importante que el horario sea parecido al horario escolar o al nuevo horario de clases donde los niños sigan una rutina similar. El baño, el desayuno, la ropa, etc., lo más parecido posible. Sin embargo, tampoco hay que apegarse a un horario rígido ya que los ritmos no serán los mismos ni habrá tantos momentos de esparcimiento entre las clases. Un horario fijo, pero con espacio para cambios o flexibilidad ante nuevas circunstancias, puede permitirle a un niño y a sus padres que se adapten más rápido no solo a las nuevas circunstancias sino a los futuros cambios.

3.- Estándares educativos.

Por último, es importante relajar lo que se espera de los niños en estos momentos, por lo menos desde el punto de vista académico. Como se mencionó antes, un cerebro estresado no aprende bien y va a presentar otras dificultades que se comentarán en artículos futuros. Por lo mismo, no se debe esperar los mismos estándares de calidad previos a este aislamiento social. Eso no significa que no se les debe pedir un buen desempeño o por lo menos uno equivalente al desempeño previo, pero hay que reconocer el esfuerzo que están haciendo los niños para sobrellevar la situación y que su esfuerzo es importante.

Para concluir, es importante recordar que todos estamos viviendo esta difícil situación pero que para los niños el estrés y los miedos representan una barrera real hacia el aprendizaje. Una buena educación en casa conlleva un esfuerzo grande, pero está basada principalmente en una buena relación con las personas, con el espacio y con el tiempo. Intervenir de manera significativa en estas áreas podrá ayudar a un desarrollo positivo en general.

Disclaimer:

El texto cumple como una guía, pero no debe reemplazar la ayuda o las instrucciones que profesionales de la salud mental brindan sobre casos específicos.

Artículos futuros:

  • Horarios sanos
  • Habilidades y recursos para papás
  • Salud mental en niños
  • Estilos de aprendizaje

Camilo Morales Hormiga.

Licenciado en Psicología y Master en Orientación Psicológica en la Universidad Iberoamericana de México. Experiencia de 7 años como docente. 8 años de experiencia como Psicoterapeuta en la práctica privada. Actualmente ejerce como Qualified Mental Health Profession en el Pilsen Wellness Center de Chicago, EEUU. Cofounder en MH Consulting.

Mas información con: santiamorales@hotmail.com

Recomendaciones para la educación en casa en tiempos de Pandemia

Camilo Morales
Papá Jardín C

En muchos hogares se está viviendo una nueva realidad: la educación en casa. Para unos, lleva varias semanas, y para otros está comenzando. Sin embargo, la previa incertidumbre ahora es certeza, el salón de clases es ahora la casa. Es posible que usted como muchos, se vea abrumado por este nuevo hecho y en estos momentos puede que esté percibiendo la diferencia entre ayudar con las tareas en las tardes, como era lo usual, para convertirse en un educador permanente.

La parte académica es importante y más ahora que varios gobiernos decretaron o están pensando en decretar años escolares digitales, pero esperar que en estas primeras semanas de colegios virtuales que sus niños tomen el ritmo normal es un deseo adulto, no una realidad infantil. El foco debe estar en generar relaciones y ambientes que lleven al aprendizaje. Piénsenlo así: es como si estuviéramos en la semana uno de clase, los niños se están presentando entre ellos, la profesora es nueva, el salón es nuevo, y los niños hablan de eso en casa. Una vez esa es la normalidad, ya se enfocan en temas nuevos con interés.

Eso es lo que posiblemente está pasando dentro de sus casas, o pasará a partir de Pascua. Los compañeros de clase son los papás, los hermanos, inclusive las mascotas. El salón de clase es su habitación, o la sala, o la cocina, o un espacio que antes tenía un significado diferente. Y el rol de profesor, ahora es compartido entre varios: padres, hermanos, abuelos, etcétera.

La relación es la base de cualquier educación,

Recuerden que en sus años como alumnos posiblemente aprendieron más de un maestro al que quisieron que de uno al que odiaron. Un niño ansioso, enojado o atemorizado no va a aprender, no solo por la perturbación emocional, sino porque un cerebro en esas condiciones está gastando energía en manejar las emociones negativas y en lidiar con ellas, y no en poner atención o esfuerzo en aprender contenido nuevo.

Uno de los mayores retos que ustedes los padres pueden encontrar, entonces, será el de fungir en este nuevo rol, en ocasiones, sin el apoyo de profesionales como los profesores. Es importante por lo mismo, no exigirse tener dominio de todos los conocimientos, y entender que conforme pase el tiempo se irán adquiriendo las habilidades necesarias para brindar un mejor apoyo. Y si cuentan con algún tipo de soporte, es importante echar mano de los recursos aportados para ahondar dichas habilidades.

Es una situación difícil, pero como todo reto, es superable.

A continuación, les presentaré algunos tips para ayudar a lidiar con la situación, no con la intención de ser un texto que abarque todo, pero sí como una primera parte de una serie de posibles apoyos.

1.- Buscar un espacio fijo para usar como salón de clase o en su defecto, hacer un cambio de ambiente.

Hasta ahora, para la mayoría la casa es casa y el colegio es colegio y hacer de la casa el colegio es algo nuevo. Sin embargo, usted posiblemente ya sabe cómo hacerlo, pero probablemente no lo ha visto todavía.

Piensen en un salón de clase, supongamos que por alguna razón los niños no pueden salir a tomar su merienda. Un profesor le pedirá a sus alumnos que guarden sus cosas en su cubículo o pupitre y que saquen su lonchera. Inclusive, puede pedirles que se sienten en un círculo en el suelo. Lo que está haciendo el profesor es convertir el salón de clase en un lugar de recreo. Cambiando un par de cosas, el salón de clase se vuelve un nuevo lugar. Esto posiblemente ya se hace en casa. “Recojan las cosas de la mesa que vamos a comer” “Guarden los juguetes que es hora de dormir”. No es solamente una cuestión de orden, sino que es una señal de que el espacio está cambiando y que con este cambio de espacio también se cambian las actividades del mismo. De ser posible, asignen un lugar específico para los estudios, un escritorio, una mesa, una esquina, un garaje, o donde se acomoden mejor y donde se pueda dejar asignado como tal. Sin embargo, de no ser posible, asignen un espacio metafórico. El comedor, la mesa de la sala, etc., pero solo de tal a tal hora. Al llegar la hora, se recogen las cosas y se vuelve lugar de alimentos. Buscar objetos que ayuden a marcar esto puede hacer la diferencia. Cuando es colegio, por ejemplo, tiene un reloj, cuando es comedor, tiene un mantel.

Algunas corrientes de psicología nos dicen que investimos los lugares con emociones y símbolos, ya sea por la repetición de acciones en un lugar o por el valor emocional que le asignamos. Piense una vez más en su colegio. No era necesario que el profesor aburrido fuera a clase, ya con solo entrar a su salón nos daba sueño. Lo mismo pasa dentro de nuestra casa. Si los niños solo pueden jugar en su cuarto, entonces este es un lugar de diversión. Para nuestro propósito de educar en casa, entonces, hay que buscar investir un lugar como un espacio de educación y si ese lugar tiene más funciones hay que buscar marcar las diferencias, invistiendo con diferentes objetos como el mantel o el reloj. Entonces no es el comedor solamente el que está investido, sino es el reloj también.

Ahora bien, de haber un lugar ya asignado como el escritorio donde ya trabaja el niño, es importante entender que este también tiene que estar resignificado ya que no será lo mismo hacer una tarea en él unas horas al día, que llevar un día de clase en el mismo lugar.

2.- Un horario.

Todos tenemos un horario natural, aún un adolescente en modo vacacional sigue un horario. Nuestro cuerpo usa algo llamado ritmos circadianos para ayudar a marcar los procesos biológicos. Estos están marcados por la luz o la ausencia de esta y son los que nos llevan a tener ciclos de sueño, vigilia, hambre y pueden afectar otros procesos corporales. Sin embargo, un horario puede también tener efectos en la regulación emocional y por lo mismo, en el desempeño escolar.

No es secreto que un niño cansado no aprende igual, o que alguien con hambre tiende a estar más irritado. Lo que puede ser más sorpresivo es que un horario nos puede ayudar a anticipar situaciones lo que a su vez reduce la incertidumbre y estrés ocasionados por estas.

En un salón de clase es normal ver un horario del día no solamente para anunciarle a los niños cuándo cambian de salón o de materia, sino para ayudarles a anticipar las tareas de ese mismo día. Y muchos profesores podrán atestiguar que en ocasiones los mismos niños reclaman cuando lo anticipado no se llevó a cabo.

Por eso mismo es importante establecer un horario en casa que ayude a regular las conductas esperadas, pero también a anticipar las tareas necesarias. En este caso, beneficiando a niños y adultos por igual. Es importante que el horario sea parecido al horario escolar o al nuevo horario de clases donde los niños sigan una rutina similar. El baño, el desayuno, la ropa, etc., lo más parecido posible. Sin embargo, tampoco hay que apegarse a un horario rígido ya que los ritmos no serán los mismos ni habrá tantos momentos de esparcimiento entre las clases. Un horario fijo, pero con espacio para cambios o flexibilidad ante nuevas circunstancias, puede permitirle a un niño y a sus padres que se adapten más rápido no solo a las nuevas circunstancias sino a los futuros cambios.

3.- Estándares educativos.

Por último, es importante relajar lo que se espera de los niños en estos momentos, por lo menos desde el punto de vista académico. Como se mencionó antes, un cerebro estresado no aprende bien y va a presentar otras dificultades que se comentarán en artículos futuros. Por lo mismo, no se debe esperar los mismos estándares de calidad previos a este aislamiento social. Eso no significa que no se les debe pedir un buen desempeño o por lo menos uno equivalente al desempeño previo, pero hay que reconocer el esfuerzo que están haciendo los niños para sobrellevar la situación y que su esfuerzo es importante.

Para concluir, es importante recordar que todos estamos viviendo esta difícil situación pero que para los niños el estrés y los miedos representan una barrera real hacia el aprendizaje. Una buena educación en casa conlleva un esfuerzo grande, pero está basada principalmente en una buena relación con las personas, con el espacio y con el tiempo. Intervenir de manera significativa en estas áreas podrá ayudar a un desarrollo positivo en general.

Disclaimer:

El texto cumple como una guía, pero no debe reemplazar la ayuda o las instrucciones que profesionales de la salud mental brindan sobre casos específicos.

Artículos futuros:

  • Horarios sanos
  • Habilidades y recursos para papás
  • Salud mental en niños
  • Estilos de aprendizaje

Camilo Morales Hormiga.

Licenciado en Psicología y Master en Orientación Psicológica en la Universidad Iberoamericana de México. Experiencia de 7 años como docente. 8 años de experiencia como Psicoterapeuta en la práctica privada. Actualmente ejerce como Qualified Mental Health Profession en el Pilsen Wellness Center de Chicago, EEUU. Cofounder en MH Consulting.

Mas información con: santiamorales@hotmail.com